Hola hermanos esta publicacion es de una clase del seminario, lo realice utilizando el libro comentario biblico mundo hispano, (Juan) espero que les sirva de algo esta informacion.

Juan el Bautista fue de nacionalidad israelita. Hijo de Zacarías y Elisabet, descendientes de Aarón, el hermano de Moisés. Lucas 1:5; Exodo 28:1. Este niño tendría la responsabilidad de preparar el camino para el Mesías (Luc. 1:13–17)
El nacimiento de Juan el Bautista fue anunciado antes de ocurrir por Dios a través de los profetas Isaías y Malaquías y también por el angel Gabriel, mensajero de Dios, debido a la importante labor que realizaría este profeta de señalar al Hijo de Dios (el Mesías) directa y personalmente, esperado por el pueblo de Israel. Malaquías 4:5 y 6; Lucas 1:17; Isaías 4:3 al 5.
Juan es llamado “bautista” porque bautizaba a la gente como señal de su arrepentimiento. Jesús se identifica con este bautismo y es bautizado por Juan a pesar de las protestas de este último (Mat. 3:13–17). Juan el Bautista no es el autor del Evangelio de Juan, sino que es presentado como el precursor de Jesús, el que prepara el camino. El autor del Evangelio enfatiza que Juan declara vez tras vez que él no era el Mesías (1:6–8, 15, 19–34; 3:22–30). Esto tiene gran importancia porque había personas aun en el segundo siglo d. de J.C., que todavía creían que Juan era el Mesías.
Por otro lado, Juan el Bautista fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre y le fue encomandado a sus padres criarlo sin ingerir vino ni sidra ni ninguna substancia alcohólica en su vida. (Aclaramos que el Espíritu Santo es Dios mismo habitando en el ser humano iluminando y dirigiendo su vida, condición necesaria para poder servir a Dios adecuadamente). Lucas 1:15; Juan 14:26.
Juan el Bautista hasta el momento de su manifestación como predicador de Dios vivió humildemente en las montañas y campos israelita y estuvo en los lugares desiertos hasta que Dios le envió a la misión que le fue encomendada. Lucas 1:65 y 66; Lucas 1:80; Lucas 3:2 y 3. Tenemos también, que el apodo de Bautista que tenía el profeta Juan se debió a su trabajo de bautizar en el río Jordán a todos aquellos que procedieron a arrepentirse de sus pecados conforme a lo que Dios le mandó. Lucas 3:2 y 3; Lucas 7:29 y 30. (Aclaramos que antes de Juan el Bautista nadie había practicado el bautismo. La palabra Bautismo significa sumergido en agua y es una representación de sepultura de la vida antigua de pecado para resucitar en una vida de obediencia a Dios al salir del agua, ése es el significado y el compromiso de una persona que se bautiza. En la Biblia no existen bautismos a menores ni con ramo mojado sacudido en la cabeza o con un jarrido de agua, ese modelo es falso y los menores no están consciente de este compromiso y recuerde que bautizarse es un mandato del Señor y es como está en las Sagradas Escrituras. Lucas 3:3; Lucas 3:21; Hechos 8:38 y 39; Mateo 28:19; Marcos 16:16.
Ahora bien, el mensaje de Dios por medio del profeta Juan el Bautista fue un llamado al arrepentimiento a toda la sociedad israelita que estaba corrompida en todos los órdenes, de ahí que Juan predicada diciendo: ¡Oh generación de víboras¡ ¿Quién os enseñó a uir de la ira venidera? Haced pues frutos dignos de arrepentimiento. Todo aquel que no da buen fruto será cortado y echado en el fuego eterno”, Lucas 3:7 al 9.
Juan anunciaba “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Jesús vino para intervenir en el problema mortal del pecado en el hombre. El pecado es como un cáncer en el alma del hombre. No importa cuántas obras buenas
él hace, su pronóstico es la muerte si no se aplica ninguna cirugía o tratamiento espiritual
El mensaje de Juan el Bautista tuvo el respaldo de Dios porque este hombre andaba recto delante del Señor.
Muchos opinan también que Juan era uno de los dos seguidores de Juan el Bautista que, al ver a Jesús, dejaron a Juan y siguieron a Jesús; el otro era Andrés (1:35–40). Es muy probable que el “otro discípulo… conocido del sumo sacerdote” (18:15, 16) era el apóstol Juan.Lucas 3:10 y 11.
Otro hecho curioso es que, en los otros Evangelios, se hace referencia a “Juan el Bautista” con el título completo, pero en este Evangelio se le refiere solo como “Juan”.
La explicación más plausible a este fenómeno es que el autor fue el apóstol Juan. Obsérvese el cuidado para identificar a otras personas; p. ej., Judas, “no el Iscariote” (14:22) y Tomás, el que “se llamaba Dídimo”
El que escribe, afirmando la paternidad juanina, con la excepción de los últimos versículos, se inclina por una fecha de composición antes del año 70 d. de J.C. Esta conclusión tentativa toma en consideración, entre otras, las siguientes evidencias: la comprobada independencia de Juan en relación con los Sinópticos; la referencia al templo y otros edificios en Jerusalén como existentes (ver 5:2); ciertos rasgos primitivos en relación con el nombre de Jesús, llamado Rabí, y el rol de Jesús como un profeta como Moisés; la influencia marcada de la comunidad de Qumrán, la cual desapareció cerca del año 68; la polémica en contra de Juan el Bautista, como una influencia de su movimiento todavía existente en la fecha de composición; y la ausencia de una mención de la destrucción de Jerusalén.
Se cree que los discípulos de Juan el Bautista continuaron en Éfeso durante muchos años.
Leon Morris realizó un estudio sobre la manera en que el autor trató a Juan el Bautista en el Evangelio, comparándola con lo que se sabe por los Sinópticos, es decir, que es solo un testigo de Jesucristo, y concluye que el autor fue correcto en todo lo que escribió. Si se puede comprobar que el autor del Evangelio fue veraz en los pocos hechos que podemos corroborar, parece lógico inferir que los demás hechos también son confiables.
se especulaba que Juan el Bautista era un esenio y que el Evangelio de Juan surgió de ese trasfondo.
hay varios episodios en los cuales el lenguaje de Juan se compara favorablemente con el de los Sinópticos; p. ej., el ungimiento de Jesús en Betania y partes del ministerio de Juan el Bautista.
Además, los conceptos aquí presentados se desarrollan y se amplían en el resto del manuscrito: p. ej., la excelencia de Cristo como el Verbo de Dios, el irreconciliable conflicto entre la luz y las tinieblas y el testimonio de Juan el Bautista referente al Cristo encarnado. Las personas que aceptaron el mensaje de Juan el Bautista aceptaron el llamado de Dios quien envió este profeta, pero los que le rechazaron, también rechazaron la voluntad de Dios para sus vidas.
A veces el término se usa para referirse al testimonio porque se consideraba que el testimonio supremo se daba al morir como mártir de la fe cristiana. El testimonio es una afirmación o aseveración de una cosa de la cual uno está absolutamente seguro. El mártir cristiano, al morir, daba testimonio de su fe en Jesucristo y de la veracidad del evangelio Se el Evangelio de Juan para todos los siervos de Dios y especialmente al referirse a Jesús (ver 5:20; 6:38, 57; 17:8, 18; 20:21). Aquí se usa en relación con Juan el Bautista (ver 1:33; 3:28), indicando a uno que goza de una misión divina, no humana, y el respaldo de Dios mismo. El autor, al marcar una distinción muy clara entre Jesús y Juan, de ninguna manera tiene la intención de rebajar a éste.
Se mencionan siete que dan testimonio de Jesús: el Padre (5:31, 37; 8:18), Cristo mismo (8:14, 18), el Espíritu Santo (15:26; ver 16:14), las obras de Jesús (5:36; 10:25), las Escrituras (5:39, 45 ss.), Juan el Bautista y una serie de otras personas, entre las cuales figuran la mujer samaritana (4:39), la multitud (12:17) y los discípulos (15:27).
A través del Evangelio, Juan el Bautista se presenta como el que da testimonio. Tal es que muchos opinan que el título “Juan el Testigo” sería más apropiado que “Juan el Bautista”. Es cierto que Juan fue enviado a 40 bautizar, pero el Evangelio pone más énfasis en él como el que da “testimonio” (1:7, 15, 23, 26, 27, 29, 32– 34, 36, 40; 3:26–30; 5:33). A fin de dar testimonio de la luz define más concretamente la misión de Juan, es decir, la naturaleza de su testimonio. Su testimonio sería “con respecto a la luz” o “acerca de la luz”, y el contexto aclara que la luz era el Verbo, el Hijo de Dios (ver 8:12; 9:5). Le tocaría a Juan el identificar a Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (1:29). En los Sinópticos se enfatiza la predicación de arrepentimiento y la práctica del bautismo, inclusive el bautismo de Jesús. En cambio, Juan no menciona el bautismo de Jesús pero enfatiza su misión de dar testimonio. Nótese la repetición del término “testimonio” en el v. 7, un mecanismo usado frecuente en Juan para dar énfasis.
Algunos de los seguidores de Juan el Bautista llegaron a pensar que el era el mesias pero el lo nego diciendo que no era la luz si no que vino para dar testimonio de la luz.
En los versiculos anteriores se presenta un testimonio de Juan el Bautista, corroborando las notables declaraciones acerca del Verbo.
El verbo dio está en el tiempo presente, indicando el testimonio continuo del Bautista, como si estuviera todavía viviendo, aunque había muerto muchos años antes de la redacción de este Evangelio (ver Mat. 14:6–12). El verbo proclamó está en el tiempo perfecto, pero con el sentido clásico del presente. El texto griego lit. dice “ha clamado” o “ha gritado”, dando la idea de una fuerte emoción, como de un profeta que proclama un mensaje bajo inspiración. En cada una de las tres citas del testimonio (ver vv. 15, 27 y 30 ss.), el Bautista agrega un elemento nuevo en cuanto al Hijo de Dios.
El Bautista reconoce su propia posición inferior con su aclaración de la preexistencia y superioridad del Verbo. La primera y tercera preposiciones, “después de” y “primero que”, se refieren al tiempo, pero la segunda “antes de”, probablemente connota la importancia o dignidad de la persona. Jesús nació seis meses después de Juan el Bautista (Luc. 1:26, 36), pero era primero que él, tomando en cuenta su preexistencia eterna (ver 8:58). El verbo ha llegado a ser podría señalar un proceso; p.ej., el Bautista fue la figura destacada hasta que apareció Jesús, pero pronto cedió esa posición al que era superior. El predecesor llegó a ser el sucesor.
El v. 16 comienza con el testimonio del autor y de la comunidad de creyentes con la cual él estaba asociado. Los padres de la iglesia primitiva, y aun Lutero, atribuían este testimonio a Juan el Bautista, pero es más natural asignarlo al mismo autor del Evangelio y así lo hacen la mayoría de los comentaristas actuales. Plenitud (pleroma4238) es un término teológico técnico, refiriéndose a la totalidad de los atributos y poderes divinos
(ver Col. 1:19; 2:9). Se encuentra una sola vez en Juan, pero frecuentemente en los escritos de Pablo. Esta plenitud divina pertenece sola y exclusivamente a Cristo (ver v. 14), la cual él imparte a la iglesia, su cuerpo (Ef. 1:23), y por el Espíritu Santo a cada creyente (Ef. 3:19). Uno pensaría que el verbo recibimos estaría en el tiempo presente, indicando acción continua; en cambio está en aoristo, como en el v. 12, quizás enfatizando el hecho de que participamos en esa plenitud en el momento de recibir a Cristo.
Cada uno de los Evangelios presenta la persona y el ministerio de Juan el Bautista como una persona importante, el mismo precursor de Jesús y el que lo iba a presentar al mundo. Ya se ha mencionado brevemente en el Prólogo (1:6–8, 15), siempre en relación con su testimonio del Verbo de Dios.
La narrativa propia del Evangelio comienza con la venida de una delegación oficial, enviada desde Jerusalén, para investigar al Bautista. Comienzan preguntando ¿Quién eres tú? La construcción en gr., “Tú, ¿quién eres?”, es más enfática y quizás connota un tono despectivo. Insistían en saber su identidad y la naturaleza de la misión que estaba cumpliendo. Se ve que la predicación de Juan había captado la atención de la jerarquía judía oficial de Jerusalén y ellos querían estar seguros de su ortodoxia. ¿Cabría este predicador radical en las categorías de figuras escatológicas esperadas? Además, era deber de los líderes judíos, ante las autoridades romanas, el mantener la paz en Judea porque si no, corrían el riesgo de perder su posición y autoridad. Movimientos de multitudes, tales como el gran número de personas que acudían a Juan, despertarían sospechas de insurrección.
Juan el Bautista da afirmaciones concretas encuanto a el mesias “Este es aquel de quien dije: El que viene después de mí ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo” (1:15). “Yo no soy el Cristo” (1:20). “Yo soy la voz de uno que proclama en el desierto: ‘Enderezad el camino del Señor’ como dijo el profeta Isaías’ ” (1:23). “Yo bautizo en agua, pero en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Él es el que viene después de mí, de quien yo no soy digno de desatar la correa del calzado” (1:26, 27). “¡He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo! Este es aquel de quien dije: ‘Después de mí viene un hombre que ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo. Yo no le conocía; pero para que él fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando en agua” (1:29–31).
Una traducción más lit., reflejando el énfasis de la doble negación, sería: “no puede un hombre recibir ni una cosa…”. Juan calma la excitación celosa de sus discípulos con la declaración de un principio espiritual universal. En efecto, dice que sólo Dios otorga la autoridad para ministrar, sea con el bautismo o con cualquier otra actividad religiosa. No se sabe si Juan estaba pensando en la autoridad para su propio ministerio, para el de Jesús o para el de ambos (ver Heb. 5:4). En efecto Juan los paró en medio de su informe, diciendo, en otras palabras: “¡UN MOMENTO! ¿No os acordáis de lo que yo os expliqué meses atrás, cuál es mi relación con Jesús?”. Vosotros mismos es enfático.
Juan apela al testimonio de sus discípulos respecto a su testimonio de Jesús (1:15, 20, 30). Sino que “he sido enviado delante de él” (1:6). Primero, Juan niega ser el Cristo en los términos más claros y enfáticos; luego, declara cuál es la naturaleza de su misión, un enviado delante de él para ser el precursor y preparar el camino para su venida (ver 1:23).
El Bautista sigue explicando a sus adeptos cuál es la naturaleza de su misión y cuál su inmenso gozo. Se alegra traduce un hebraísmo que lit. es: “con gozo se goza”. El informe de ellos produjo una reacción opuesta a lo que esperaban en su maestro: gozo en vez de tristeza.
El Padre ama al Hijo es una declaración posiblemente basada en la voz del cielo que Juan el Bautista había oído cuando Jesús fue bautizado: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.
Por otra parte, luego que Jesucristo fue bautizado por
y así haberlo el profeta señalado como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, fue encarcelado por el rey Herodes y muerto decapitado al condenar la vida de adulterio de este rey y llamarlo al arrepentimiento. Mateo 3:13 al 17; Juan 1:29; Mateo 14:3 al 12. El profeta Juan el Bautista no murió porque Dios no podía evitarlo, sino porque su misión había concluido y aunque perdió el cuerpo no perdió la salvación, ni su alma. Mateo 16:25 y 26.
Ahora es Jesús mismo quien da testimonio de Juan el Bautista. El verbo era podría indicar que Juan ya había sido encarcelado o martirizado. En el texto gr. hay un artículo definido ante antorcha, quizás indicando el cumplimiento de una profecía dada a Zacarías (ver Luc. 1:76–79). Jesús mismo era la luz, pero Juan prendió su lámpara a la luz de aquél. Los judíos, inclusive los escribas y fariseos, salieron de Jerusalén y los alrededores
para escuchar el mensaje novedoso y llamativo de Juan. Al principio lo recibieron gustosos, pero pronto se cansaron, o se indignaron, por su insistencia en el arrepentimiento y su testimonio de Jesús como el enviado de Dios.
Concluyendo, las personas que aceptaron el mensaje de Juan el Bautista aceptaron el llamado de Dios quien envió este profeta, pero los que le rechazaron, también rechazaron la voluntad de Dios para sus vidas y es seguro que se perdieron eternamente. Juan 3:36.
Así que, la sociedad de hoy está como en aquel tiempo y Dios no mandó a Juan el Bautista a perder el tiempo, como tampoco lo estamos perdiendo los que nos hemos convertido a Jesucristo y vivimos de acuerdo a sus enseñanzas expresadas en el Nuevo Testamento, al menos los que estamos en esto de verdad que son aquellos que se mantienen obedeciendo al Señor con su conducta y su vida de ejemplo y de los oyentes del mensaje.
FUENTE: [Comentario biblico mundo hispano, Juan Tomo 17, pags. 1, 47]

