El concepto bíblico del pecado se estudia separadamente porque es uno de los temas más ampliamente mencionados en las Escrituras. El primer libro de la Biblia comienza con la historia de la entrada del pecado en la raza humana a causa de la desobediencia de Adán y Eva. El último libro de la Biblia, el Apocalipsis, expone la destrucción y el fin eterno del pecado y de los que lo han practicado. El propósito principal de la revelación de Dios en la Biblia es la redención del hombre. Esta redención consiste en el rescate divino del hombre de sus pecados y del poder del diablo, el autor del pecado. ¿Cómo se define el pecado? Muchos piensan que el término se refiere a los actos que se cometen en contra de Dios, en contra de otras personas, en contra de la naturaleza y en contra de uno mismo. En la Biblia los hechos pecaminosos que el hombre hace son fruto de un problema mucho más profundo.
Hay varias palabras hebreas y griegas que se traducen como “pecado” en la [página 14] Biblia. Se encuentran en la forma singular y plural, y generalmente, cuando se emplea en forma singular, significa la enfermedad o la debilidad general que azota a todos los hombres. Así, Juan el bautista grita: “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Jesús vino para intervenir en el problema mortal del pecado en el hombre. El pecado es como un cáncer en el alma del hombre. No importa cuántas obras buenas él hace, su pronóstico es la muerte si no se aplica ninguna cirugía o tratamiento espiritual. El concepto más común entre los hebreos en cuanto al pecado procede del uso del arco y la flecha. Uno comete pecado cuando dispara una flecha y no da en el blanco. Esta idea se usaba en la teología judía. El blanco es la voluntad y la senda de Dios. Pero el hombre vive siempre en el pecado, o sea en un estado de desviación de la voluntad de Dios. Dios habló claramente a Adán y a Eva acerca de la fruta prohibida del huerto. Pero ellos cedieron a la tentación de la serpiente, desobedecieron la orden de Dios y no acertaron a dar en el blanco de su voluntad. Además, la Biblia enseña que la tendencia hacia la desobediencia llegó a ser parte de la naturaleza humana. Pablo el apóstol cita el AT cuando dice: “No hay justo ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Rom. 3:10–12). El hombre no es un pecador porque comete pecados. Él comete pecados porque es pecador por naturaleza. Esta doctrina nunca ha sido popular entre los hombres. El hombre procura justificarse por sus obras de justicia. El problema es que todas estas obras son como uno que amarra frutas a un árbol ya muerto. “La paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23), y el hombre es incapaz de curarse de la malignidad que lo mata.
Con Pablo, exclamamos: “¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom. 7:24). Nuestra naturaleza como pecadores nos tiene encadenados a la muerte. Gracias damos a Dios, sin embargo, por Jesucristo nuestro Señor, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo nos libra de la ley del pecado y de la muerte (Rom. 7:25; 8:2).
La doctrina bíblica del pecado, pues, consiste de tres partes: su esencia, la cual es la desobediencia contra Dios; sus consecuencias o sea la comisión de más pecados; y la muerte espiritual y su remedio. Este último aspecto, bajo el título de “doctrina de la salvación” la cual se desarrolla a continuación.
Doctrina del pecado
– March 5, 2011Posted in: Estudios Biblicos

